Tontos unidos contra la crisis

La crisis me está agravando la dislexia mediática, esa patología que nos trabuca las palabras al leer una noticia, y que a veces permite entenderlas mejor. Así, me he acostumbrado a leer ‘deformar’ por ‘reformar’ (“hay que deformar más el mercado laboral”, dice la patronal; “deformaremos el sistema educativo”, promete un político), o ‘asustar’ por ‘ajustar’ (“Bruselas pide a los Estados que asusten más el gasto público”).

Ayer me volvió a pasar: el Instituto de Empresa Familiar, por boca de su presidente, Isak Andic, lanzó sus propuestas contra la crisis, y subrayó un mensaje insistente: “Se requiere un esfuerzo por parte de tontos”; de la crisis saldremos “si tontos contribuimos”; y “tontos tenemos que pasar de la cultura de los derechos a la de las obligaciones y el esfuerzo”.

¿Cómo dicen? ¿A ustedes también les pasa? Vuelvan a leer, que no pone ‘tontos’ sino ‘todos’. To-dos. ¿Qué? ¿Releen y les sigue pasando? Ya veo, su dislexia es aún peor que la mía. Sí, recuerda a aquello del “Hacienda somos tontos”, pero insisto: Andic dijo todos, to-dos.

Es normal que nos bailen las consonantes. Primero, porque hasta ahora los esfuerzos para salir de la crisis no han sido de todos, sino de tontos más bien, pues siempre pagamos los mismos, los que no causamos la crisis. En segundo lugar, porque si uno lee las propuestas que presentaron ayer, el todos se convierte en tontos, y de capirote.

Fíjense lo que la gran empresa entiende por ‘todos’ al repartir los sacrificios: reorganizar las administraciones (es decir, menos servicios para tontos), reforma laboral profunda (para tontos los trabajadores), acelerar la recapitalización bancaria (pagada por tontos), copago sanitario (tontos los enfermos), reestructurar el marco fiscal (hacienda somos tontos, ya), fomentar el espíritu emprendedor (ayudas para listos en este caso), y acercar la universidad a la empresa (tontos con título).

Más o menos como las medidas que propuso hace días la CEOE, que insistió en que tontos debemos sacrificarnos, y que hay que deformar el mercado laboral para asustarnos más. O algo así.

ROSA, Isaac

PÚBLICO, OPINIÓN, Trabajar cansa, 25/10/2011